lunes, 28 de mayo de 2012

El humo de Satanás

En los últimos meses llegan del Vaticano noticias que parecen novelerías urdidas por un discípulo aventajado de Dan Brown: la filtración de documentos confidenciales que desvelan tramas non sanctas, la destitución del presidente de la banca vaticana, la detención del mayordomo del Papa, sospechoso de remejer en los propios aposentos papales... Inevitablemente, uno recuerda aquella célebre y terrible frase de Pablo VI, pronunciada el 30 de junio de 1972: «Por alguna rendija se ha introducido el humo de Satanás en el templo de Dios». Que ese humo se haya colado hasta en los Palacios Apostólicos resulta, en verdad, estremecedor, un motivo de escándalo que regocija a los enemigos de la Iglesia y que a los católicos conscientes nos acongoja; pues no en vano somos miembros de un mismo cuerpo cuya cabeza visible está sufriendo continuas asechanzas. Aquí vendría al pelo aquella invocación a San Miguel Arcángel que León XIII introdujo hace más de un siglo al final de la misa, después de padecer una visión horrible en la que las huestes infernales se concentraban sobre la ciudad de Roma; oración que, misteriosamente, fue suprimida de la liturgia, para hacer sitio a los buenrrollismos y delicuescencias postconciliares.
 
En las visiones del Apocalipsis se nos habla de dos mujeres: la mujer parturienta, vestida con el sol de la fe; y la gran ramera con la que han fornicado los reyes de la tierra. Ambas representan la religión en sus dos extremos: la religión fiel, que sirve a la Iglesia, y la religión corrompida, que se sirve de ella, entremezcladas como el trigo y la cizaña. «Fornicar con los reyes de la tierra», en el lenguaje bíblico, significa codiciar los bienes transitorios, camandulear, entablar alianzas con el poder terreno, amalgamar el Reino de Dios y el mundo. Cuando San Juan contempla a la gran ramera, que lleva grabada en la frente la palabra Misterio, confiesa su asombro; y es que, en efecto, hasta al hombre que le habían sido revelados los arcanos más ocultos le espantaba este enigma de la religión adulterada. También nos asombra y espanta a nosotros; pero sabemos que este misterio forma parte de la Iglesia, santa y meretriz a un tiempo: y ambas, la santa y la meretriz, conviven en lazo inextricable hasta el momento de la siega, en el que por fin serán separadas. Cuándo se produzca esa separación o juicio definitivo no lo sabemos; sí sabemos, en cambio, que ese juicio vendrá precedido por una gran tribulación, «la mayor desde el diluvio», producida por la peor de las corrupciones, que es la corrupción de lo óptimo. Pero aun en los momentos más duros de la gran tribulación, hasta cuando el misterio de iniquidad se haya introducido en el templo, perseverarán unos pocos fieles, con su cabeza visible al frente, sobre los que caerá la más furiosa de las persecuciones. Y, aun en medio de esta persecución feroz, «Dios mantendrá sus promesas acerca de la infalibilidad de la doctrina en el Magisterio Supremo; aun cuando todo parezca anochecido, brillará esa luz», escribe Leonardo Castellani.
 
Nadie padece tanto por causa de esta religión adulterada como el Papa, a quien vemos rodeado de camanduleros y corruptos. Lo estamos viendo en estos días, bulliciosos de intrigas vaticanas; lo estamos viendo, en realidad, desde que comenzara este pontificado, hostigado por escándalos que tienen su fuente en el interior de la propia Iglesia. En esta hora difícil, en la que el humo del que hablara Pablo VI parece anochecerlo todo, la naturaleza martirial de la Iglesia fiel, con Benedicto XVI al frente, brilla más que nunca. Que San Miguel Arcángel lo defienda en la lucha.
 

domingo, 27 de mayo de 2012

Ibi

Resulta sumamente instructiva la campaña promovida por la izquierda —y secundada por algunos tontos útiles de la derecha— contra la exención del pago del impuesto de bienes inmuebles (IBI) que disfrutan los edificios de la Iglesia católica. Tal exención tributaria ha sido presentada como un «privilegio» por los promotores de la campaña, que en una desquiciante pirueta de cinismo se han atrevido a afirmar que, suprimiéndola, la Iglesia contribuiría a la situación de crisis «como lo están haciendo otras instituciones y entidades». Hace falta, desde luego, tener una jeta de piedra pómez para atreverse a solicitar una contribución a la crisis a la institución que, de lejos, más medios humanos, materiales y espirituales dedica a su alivio (y que, si mañana dejara de dedicarlos, provocaría el colapso de la sociedad española). Pero la jeta de piedra pómez deviene jeta de feldespato cuando consideramos que la exención del IBI que disfrutan los inmuebles eclesiásticos no constituye privilegio alguno, sino aplicación de lo establecido en la ley de mecenazgo 49/2002, en la que se especifica que están exentos del pago del IBI los edificios de las instituciones más variopintas, desde la Cruz Roja a las federaciones deportivas, pasando por entidades sin fines lucrativos. Entre tales instituciones se cuentan todas las confesiones religiosas que tienen suscritos acuerdos de colaboración con el Estado, entre las que se halla, desde luego, la Iglesia católica, pero también la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas, la Federación de Comunidades Judías o la Comisión Islámica. La razón por la que la ley contempla dichas exenciones es el reconocimiento de que las actividades que desarrollan tales instituciones constituyen un servicio a la sociedad. Huelga añadir que, siendo la ley de mecenazgo de carácter estatal, los ayuntamientos no pueden saltársela a la torera, como pretendía hacer, con ligereza muy característica de los tontos útiles de la derecha, la alcaldesa de Zamora.
 
La Iglesia católica no disfruta, pues, de ningún régimen fiscal privilegiado, sino que se acoge a los mismos beneficios que disfrutan infinidad de instituciones que prestan algún servicio a la sociedad; prestación que, por lo demás, ninguna otra institución ofrece con mayor profusión y palpables efectos benéficos que la Iglesia católica, a través de la cual se organiza un tejido de actividades asistenciales sin parangón. La campaña promovida por la izquierda, tan burdamente demagógica, delata a simple vista una inquina irracional; pero, profundizando en sus causas, descubrimos que se trata de una reacción perfectamente lógica, tan lógica como la reacción del endemoniado de la sinagoga de Cafarnaún, que ante la prédica de Jesús (y en contraste con el desconcierto de sus seguidores: «Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron») berrea, con apabullante lucidez: Sé quién eres: el santo de Dios».
 
No, no es que la izquierda no reconozca que la Iglesia católica desarrolla una ingente labor asistencial. Es que reconoce que, ante todo, la Iglesia desarrolla una labor espiritual que odia con toda su alma; una labor espiritual que no reconoce en ninguna otra confesión religiosa, por la sencilla razón de que, para la izquierda, la religión católica no es una religión más, sino LA religión. En lo que la izquierda española vuelve a confirmarnos, en una época tan descreída, que nadie cree tanto como quienes «creen y tiemblan». Ya lo escribió Foxá: «Era aquello una demostración de que en España no había católicos y ateos, sino católicos y herejes. Una vez más, en la auténtica línea española, detrás de la Cruz estaba el diablo, pero no el vacío».
 

viernes, 25 de mayo de 2012

Maternidad slow


El pasado jueves 24 de mayo la asociación Planeta Lento organizó una conferencia sobre la "maternidad slow". El acto se desarrolló en la Casa de la Cultura de Castellón de la Plana y congregó allí a numerosas personas, especialmente mujeres, interesadas en esta iniciativa que pretende principalmente respetar los ritmos de la madre y del bebé durante el periodo de gestación y sus primeros años de vida.

La "maternidad slow" es una forma de entender la maternidad, vivirla sin permanecer atadas al reloj, sino a las sensaciones, necesidades de nuestros hijos y a su proceso evolutivo natural. Esta filosofía nos invita no sólo a vivir la infancia de nuestros hijos con entrega, paciencia y responsabilidad, sino a disfrutar de este momento único.

Por lo que respecta a la conferencia, en primer lugar, se hizo un análisis sobre la maternidad a lo largo de la historia y de la evolución del trato a los recién nacidos, haciendo especial hincapié en la figura de las nodrizas y su función de acompañamiento durante el embarazo y crianza de los hijos ajenos.

Además, la conferencia tuvo como referente a la italiana María Montessori (1870-1952) y su propuesta educativa aplicada especialmente en los años treinta. En esta línea, las conferenciantes abogaron por la figura de las "doulas", término de cuño reciente para referirse a las mujeres que en la actualidad, durante el embarazo y el inicio de la maternidad, realizan la función de las nodrizas y que antiguamente solían ser mujeres especialmente del ámbito familiar.

Por otra parte, se explicaron algunas técnicas que permiten llevar a cabo una "maternidad slow", principalmente referidas a técnicas post-parto, como por ejemplo, el esperar un tiempo más en retirar el cordón umbilical con tal de permitir una mejor respiración del bebe en sus primeros minutos de vida fuera del vientre materno.

Finalmente se suscitó un interesante debate en el que se abordaron otros temas referentes a la maternidad, así como a la fertilidad y los métodos anticonceptivos naturales, entre otros.

Os invitamos a buscar información sobre esta interesante iniciativa, así como a participar en las futuras actividades de la asociación Planeta Lento.

Más info: Maternidad slow



martes, 22 de mayo de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

El tenorio y Don Luis Mejía

En una estampa devastadora de Madrid de corte a checa, Agustín de Foxá retrata a los diputados en el buffet del Congreso, después de haberse despellejado en la sesión parlamentaria que acaba de concluir: «Se trataban todos con el afecto de los actores después de la función. Como Ricardo Calvo, tras hacer el Tenorio, se iba a cenar al café Castilla con don Luis Mejía, al que acababa de atravesar en escena». En esta misma impresión de dramaturgia descarada o pantomima falsorra abunda Julio Camba: «Cuando los hombres de la República se incautaron del Estado español se vio bien a las claras que no querían introducir en él ninguna reforma fundamental, ni muchísimo menos, y que, si lo deshacían y ponían en pedazos era, sencillamente, para mejor repartírselo entre unos y otros. Se apoderaron del Estado con el mismo criterio que hubieran podido apoderarse de un salchichón; y, ni cortos ni perezosos, procedieron a merendárselo vorazmente, en presencia del país entero que, siempre cándido y confiado, se decía: “Bueno. Primero habrá que dejarles tomar algunas fuerzas, que bien deben necesitarlas los pobres, y luego ya empezarán a trabajar...”».
 
La observación de Camba y Foxá sigue vigente: el Tenorio y don Luis Mejía se siguen estoqueando en escena, para mantener entretenidas a sus respectivas aficiones; pero, apenas cae el telón, corren a llenarse la andorga sin mayores remilgos, en amor y compaña, hasta ventilarse el Estado-salchichón. El último o penúltimo episodio (y van...) de esta representación archisabida nos lo ofrecen las sucesivas revisiones del déficit público, que peperos y sociatas esgrimen, a modo de estoques de pega, para impresionar a sus respectivas aficiones, siempre cándidas y confiadas, que ni siquiera se detienen a pensar que el salchichón se lo han zampado entre ambos, con idéntica voracidad; y que ambos han jugado a escamotear algunas lonchas, en la certeza de que, cuando se descubra el escamoteo, podrán hacérselo perdonar fácilmente, aduciendo que el fingido rival hizo lo mismo. Y así, reprochándose sus respectivos escamoteos, el Tenorio y don Luis Mejía, logran que la función no se caiga del cartel... y se aseguran el reparto del salchichón.
 
Si la política no fuese puro teatro que disfraza el reparto del salchichón, cuando se descubrió que Zapatero y sus ministros habían falseado el déficit público, los descubridores del escamoteo tendrían que haberlos denunciado ante los tribunales, como se haría con cualquier contable al que se pilla falseando las cuentas de su empresa. Pero, ¡oh sorpresa!, ¿qué hicieron los descubridores del escamoteo? Pues tratar a los responsables con el afecto de los actores después de la función: condecoraron con el collar de la Orden de Isabel la Católica al galán de la compañía; y a los comparsas con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Luego, tras las condecoraciones, empezaron a darnos la matraca con la «herencia recibida», que siendo una herencia que previamente habían condecorado no podía ser tan inopinada como histriónicamente la pintaban; aunque, en puridad, llamar «herencia» a lo que no es sino un salchichón que cambia de manos sin cambiar su titularidad solidaria constituye un abuso lingüístico, propio de la jerga teatral. Ahora se descubre que en el reparto del salchichón también las comunidades autónomas peperas escamotearon alguna loncha; lo que, llegado el momento, será recompensado con las debidas condecoraciones. De momento, el Tenorio y don Juan Mejía seguirán atravesándose en escena, para diversión de sus respectivas aficiones, siempre cándidas y confiadas. ¡La función debe continuar!
 

domingo, 20 de mayo de 2012

Manifiesto por la Defensa Social

La sociedad está siendo atacada

La sociedad española está siendo víctima del ataque de los poderes económicos. Organismos nacionales e internacionales y grandes empresas, tanto nacionales como extranjeras, acosan al pueblo español intentando reducir sus niveles de bienestar. Pretenden destruir un patrimonio social que abarcaba hasta ahora –aún con sus grandes deficiencias- al conjunto de la sociedad y que proporcionaba a la mayor parte de los españoles los servicios y medios fundamentales para llevar una vida digna: sanidad, educación, pensiones, vivienda, etc.

Ya está bien

No podemos seguir contemplando impasibles como la única solución para la crisis son los recortes de prestaciones sociales y la reducción del gasto público. Es preferible mantener ayudas para que los particulares no pierdan su capacidad de consumir, que permitir que la sociedad se empobrezca hasta que no exista actividad económica alguna.
No podemos consentir que se consideren gastos, partidas que en realidad son inversiones sociales. Es preferible asumir un mayor déficit que estrangular las economías familiares y de la pequeña empresa sin las que no hay solución a la crisis.
No podemos dejar de recordar que existen partidas presupuestarias que se deben recortar o suprimir: subvenciones millonarias a Partidos Políticos, Sindicatos, Asociaciones Empresariales. Es preferible dejar que los partidos políticos se autofinancien a tener que recortar horas de enseñanza a nuestros hijos.
No podemos olvidar que el estado de las autonomías es responsable de gran parte del déficit por haber sobredimensionado la administración y que además es un permanente generador de gastos inútiles y de groseros casos de corrupción. Es preferible eliminar embajadas autonómicas en el extranjero que recortar la sanidad.
No podemos permitir que la sociedad mire hacia otro lado mientras la crisis financiera sigue beneficiando a los bancos que son los primeros responsables de su llegada. Es preferible someter a los bancos al control estatal que seguir dándoles fondos y más fondos que terminan utilizando para seguir especulando.
No podemos depender de los dictados de las agencias de calificación, exclusivamente interesadas más en optimizar los beneficios de sus patrocinadores y ajenas al reto de hacer viable un mundo donde las personas puedan ganarse la vida con justicia y dignidad. Es preferible dejar de prestar oídos a las agencias de rating, que permitir que las opiniones de cuatro especuladores puedan afectar a economías nacionales y de empresas hasta llevarles a la misma quiebra.

Un ataque antidemocrático

Nadie ha elegido a las entidades financieras, empresas y organismos que nos imponen recortes y dilapidan el patrimonio social de todos los españoles. Ningún español ha sido consultado sobre la conveniencia o no de modificar la Constitución para satisfacer a los mercados. Sin embargo, estos poderes tienen capacidad para modificar la legislación, imponer sacrificios y modular la acción del Gobierno a su antojo.
España no es hoy un país verdaderamente democrático. Nuestra Nación no disfruta de soberanía económica, los ciudadanos son rehenes en manos de las entidades financieras y la gestión de las empresas en las que desarrollan su trabajo les está vetada. Los falangistas defendemos inequívocamente la democracia, tanto política como económica y creemos que cuando tanto se reprime nuestra capacidad de tomar decisiones debemos poner en práctica el recurso legal a la DEFENSA SOCIAL.

Tenemos derecho a defendernos

La sociedad tiene derecho a defenderse. No nos resignamos a perder nuestros derechos. No vamos a asistir impasibles al desmantelamiento del Estado del bienestar. Nos negamos a ser meros espectadores en la demolición de los servicios públicos. Queremos participar en la toma de las decisiones que tanto nos afectan.
Los beneficiarios de este proceso pretenden anestesiarnos para que aceptemos sin protesta. Nosotros preferimos alzar la voz, organizar la defensa social, identificar a los responsables últimos del ataque y ofrecer soluciones audaces, imaginativas y justas.

No queremos olvidar

Que hay responsables de la crisis. Que los hay por acción y por omisión. Nos proponemos identificarlos. Es necesario que el pueblo conozca a quienes representan para él una amenaza. Que seamos capaces de poner nombre y apellidos a quienes se esconden tras siglas y nombres comerciales. Es hora de exigirles responsabilidades. Que den la cara.
Recordemos siempre que los culpables, entidades financieras, grandes corporaciones lobbies políticos, dirigentes globales y políticos locales, siguen manteniendo estándares de vida altísimos, mientras las víctimas de sus acciones avariciosas y de su especulación, se desangran y todavía se ven obligados a pagar los platos rotos de la crisis.
No debemos dejar de señalar con el dedo a los culpables, buscarlos donde estén y decirles a la cara que sabemos que son ellos los que han decidido:
  • Que el mundo entero y la vida de sus habitantes dependa de los mercados.
  • Que los objetivos económicos se hayan convertido en algo abstracto sin tener en cuenta las necesidades de las personas.
  • Que se valoren más las apreciaciones de los analistas bursátiles que las necesidades expresadas, a veces a gritos desesperados, por las personas afectadas por esta crisis.
  • Que las personas sean solo datos estadísticos aparentemente carentes de necesidades y anhelos.
Y son ellos los responsables:
  • Del despilfarro publico dedicado al propio enriquecimiento.
  • Del desvío de fondos públicos a finalidades sectarias en partidos políticos sindicatos y demás entidades subvencionadas por el Estado.
  • De la suspensión del necesario crédito para el mantenimiento de la actividad económica.
  • Del hundimiento de nuestra economía a nivel empresarial y familiar.
  • De permitir que el paro crezca hasta convertir nuestra sociedad en una gran residencia de jubilados forzosos, involuntarios expulsados de la vida útil y empujados a la desesperación, cuando no a la pobreza.

Soluciones

También somos conscientes de que la rebelión y el señalar a los culpables no serán suficientes para superar este bache que cada día se está haciendo más profundo. Hemos de buscar soluciones. No podemos permitirnos el lujo de no pensar. No podemos dejar de buscar una salida y proponer acciones y soluciones que nos procuren un futuro mejor, más justo y más humano.
Somos falangistas, nuestra permanente aspiración a conseguir que la justicia social sea un bien universal, ha apuntado siempre hacia un modelo de economía sindicalista. Un nuevo marco de relaciones socioeconómicas que permita la autogestión de los trabajadores organizados en sindicatos. Que estos sindicatos, además de ser los auténticos poseedores de los medios de producción, se erijan en entidades directamente integradas en el Estado. Entidades desde las que se ejerza la democracia económica que nunca ha sido capaz de ofrecer el liberalismo. El liberalismo, como la ley de la selva, la ley del más fuerte, poco sabe de democracia.
Queremos que se reconozca el fracaso del capitalismo de cuya verdadera naturaleza estamos teniendo estos años una muestra clara. Solo este reconocimiento podrá situarnos en condiciones para encaminarnos hacia un futuro diferente y mejor. Un futuro de superación de las darwinianas leyes del mercado, que nos han sido impuestas como única brújula de nuestra existencia, por los que medran a su amparo.
Siempre hemos defendido que hay que buscar un sistema de crédito diferente del modelo de banca privada. Los bancos han de ser considerados un bien público y sus objetivos deben ser sociales y basados en las decisiones democráticas colectivas. Nuestra propuesta es la banca sindical. Un sistema que promueva la puesta a disposición de los recursos financieros para el cumplimiento de los fines económicos del pueblo, representado por los sindicatos. El control de crédito por los sindicatos, conformados democráticamente desde su base en las empresas colectivas, hasta su cúspide en el mismo poder legislativo de la nación, es nuestra solución para la crisis financiera. Una apuesta fuerte y sin duda atrevida. Necesaria.

Otra vez quieren engañarnos

Buena parte de los recortes que estamos sufriendo nos los presentan como inevitables. “No hay más remedio, es lo que toca”. Como si de un fenómeno atmosférico se tratase y no de decisiones susceptibles de ser criticadas.
Claro que son necesarios los recortes. Ya lo hemos dicho. Recortes en los privilegios de los partidos políticos. Recortes en los despilfarros de la administración. Pero hace falta más y ahora es el momento de reclamarlo

LO QUE TU NECESITAS, LO QUE NECESITA ESPAÑA

DEFENSA SOCIAL

A LA QUE TENEMOS DERECHO

 

SEÑALAR A LOS CULPABLES

PARA QUE NO SE SE VAYAN IMPUNES

 

PROPONER SOLUCIONES

PARA QUE TRIUNFE LA JUSTICIA SOCIAL Y LA DEMOCRACIA ECONOMICA, SOBRE EL CAPITAL Y LA ESPECULACIÓN


SÚMATE A LA RESISTENCIA

 

sábado, 19 de mayo de 2012

Corralito

¿Sería, en verdad, tan trágico volver a manejarnos con pesetas? No, desde luego, para la productividad de nuestra economía real, que volvería a ser «competitiva», como continuamente reclaman nuestros políticos. Hasta ellos mismos saben, sin embargo, que es precisamente la permanencia en el euro lo que impide que seamos «competitivos», porque impone costes de producción que en una economía global resultan desorbitados: siempre habrá, en los arrabales del atlas, países donde la gente labore a destajo por sueldos de miseria, produciendo a un coste infinitamente menor. Y, en su obsesión por permanecer en el euro, a nuestros gobernantes no les resta otra salida sino «flexibilizar el mercado laboral»: es decir, imponer sueldos de miseria y obligar a quienes todavía mantengan su puesto de trabajo a laborar a destajo (pues tendrán que laborar el doble: por sí mismos y por los que lo hayan perdido). Pero, como la rebaja de los sueldos no se corresponde con una rebaja de los precios, la permanencia en el euro nos aboca irremisiblemente a un «escenario» de conflictividad social creciente, con unas clases medias cada vez más empobrecidas. Todo esto se remediaría volviendo a la peseta: la devaluación de la moneda, tras un primer momento de pánico, equilibraría salarios y precios, se produciría con costes mucho más bajos y nuestra economía volvería a ser competitiva: aumentarían las exportaciones y los inversores extranjeros acudirían a nuestros pagos como moscas a la miel. Sobre esta base se fundó el «milagro» económico del franquismo, allá por los años sesenta, del que nos aprovecharíamos en las décadas sucesivas, hasta que la falsa prosperidad traída por el euro nos convirtió en una economía improductiva de burocracias hipertrofiadas y «servicios».
 
Pero la vuelta a la peseta, que tan benéficos efectos tendría en la economía real, nos expondría a turbulencias insoportables ante los «mercados financieros»: la inevitable devaluación monetaria multiplicaría por tres o por cuatro nuestra deuda, convirtiéndonos automáticamente en un país quebrado, cosa que tal vez seamos ya; sólo que, mientras permanezcamos en el euro, tal quiebra no se declarará, porque no le interesa a las economías motoras de la UE (a menos, claro está, que tales economías sucumban también a las turbulencias de los mercados financieros). Sin embargo, la permanencia en el euro, con sueldos cada vez más menesterosos y precios cada vez más inaccesibles, provocará la irremediable destrucción de nuestras clases medias, exactamente como ocurrió en la Argentina con la artificial paridad peso/dólar. Situación a la que puso fin el famoso «corralito», que hoy tanto nos amedrenta: de repente, los argentinos vieron cómo sus ahorros se reducían a una tercera parte y, paralelamente, su deuda pública se multiplicaba por tres; pero lanzaron un órgano a los organismos monetarios internacionales, y lo ganaron. Los argentinos tuvieron arrestos para afrontar tal cataclismo, que a fin de cuentas no fue sino un aterrizaje (todo lo accidentado que se quiera) en la cruda realidad; y, superados los efectos de aquel aterrizaje, la economía argentina empezó a despegar. Y, si no ha despegado más, es porque soporta la rémora de una clase política corrupta y rapaz.
 
A la postre, los efectos del «corralito» argentino no fueron tan funestos como los pintan. Desde luego, lo fueron para los ahorradores que vieron mermadas sus fortunas, construidas con «dinero fantasma»; pero a quienes allegan tesoros en la tierra ya les advierte el Evangelio que habrán de tenérselas con la polilla, el orín... y los ladrones.